
Marruecos y España mantienen la estabilidad de sus relaciones gracias a sus vínculos económicos.
Informe: los intereses económicos compartidos frenan la escalada de las tensiones entre Marruecos y España
Un reciente informe analítico del Instituto de Análisis de las Relaciones Internacionales (IARI), titulado «Desequilibrios militares, interdependencia económica y competencia en el Mediterráneo occidental», sostiene que las relaciones entre Marruecos y España no pueden calificarse de plenamente cooperativas debido a las disputas sobre las ciudades de Ceuta y Melilla, las presiones migratorias y los desacuerdos en torno a determinadas cuestiones regionales. Sin embargo, señala que el elevado nivel de integración comercial reduce los incentivos para una ruptura deliberada y prolongada entre ambos países.
El documento destaca que el creciente potencial de Marruecos forma parte de una competencia regional contenida, mientras que los vínculos económicos actúan como un importante mecanismo de estabilidad. En este sentido, España y Marruecos están profundizando su cooperación en los ámbitos portuario, industrial y de seguridad marítima, lo que permite mantener abiertos canales para gestionar las crisis.
Según el informe, las cuestiones de Ceuta y Melilla, la política migratoria y la delimitación de las fronteras marítimas siguen siendo fuentes de tensión entre ambos países, pero no necesariamente conducen a una ruptura estructural de sus relaciones. Una confrontación diplomática o un incidente limitado en una zona sensible podría desencadenar movilizaciones y medidas recíprocas sin desembocar inmediatamente en un conflicto armado de gran envergadura.
El análisis advierte de que el riesgo no reside únicamente en una posible intención hostil, sino también en los errores de cálculo provocados por incidentes, la presión mediática y la interpretación equivocada de señales militares. En este escenario, considera fundamentales los mecanismos diplomáticos de gestión de crisis y la verificación rigurosa de los hechos.
El informe subraya que la interdependencia económica entre Marruecos y España resulta especialmente visible en la industria automovilística, donde las empresas españolas tienen una presencia destacada en el tejido manufacturero marroquí. Por ello, advierte de que cualquier conflicto político o aduanero prolongado afectaría a la producción y al empleo en ambas orillas, aunque Marruecos estaría relativamente más expuesto y España también afrontaría costes sectoriales significativos.
En el ámbito militar, el instituto señala que el gasto en defensa de España alcanzó aproximadamente los 34.287 millones de euros el año pasado, frente a los 5.645 millones de euros de Marruecos. No obstante, puntualiza que estas cifras no reflejan por sí solas la capacidad operativa real de las fuerzas armadas.
La superioridad financiera española, añade, no garantiza automáticamente un aprovechamiento óptimo y oportuno de los recursos. La capacidad militar depende de los medios que pueden desplegarse efectivamente en un escenario y durante un periodo determinados, y no únicamente del volumen total de efectivos de un país.
El documento sostiene que España mantiene una ventaja estructural en plataformas aéreas y navales, capacidades industriales de defensa e integración con sus aliados, mientras que Marruecos sigue una trayectoria tecnológica diferente. En 2019, Washington aprobó la venta a Rabat de 25 nuevos aviones F-16 Block 72 y de 23 kits de modernización para sus F-16 actuales. Además, Lockheed Martin anunció el primer vuelo de uno de los nuevos F-16 Block 72 marroquíes el pasado 6 de octubre.
El informe advierte de que las necesidades de defensa de Marruecos no pueden entenderse únicamente a partir de su relación con Madrid. Según el Instituto Internacional de Investigación para la Paz de Estocolmo (SIPRI), el gasto militar de Argelia se situó en torno a los 25.400 millones de dólares en 2025, frente a los 6.300 millones de Marruecos. Estas cifras ponen de relieve el impacto de las tensiones bilaterales prolongadas y del conflicto del Sáhara.
En consecuencia, el documento considera que una parte importante de las inversiones militares marroquíes responde a un equilibrio de disuasión más amplio en el norte de África. Por ello, sostiene que los datos de gasto militar no permiten demostrar la afirmación de que Marruecos se está armando para atacar a España.
El análisis también destaca la importancia estratégica del estrecho de Gibraltar, donde convergen las rutas del comercio marítimo, las infraestructuras portuarias, los flujos energéticos, la movilidad humana y los intereses políticos y militares. En este contexto, Ceuta y Melilla constituyen posibles focos de fricción política y diplomática entre ambos países. Sin embargo, su relevancia estratégica deriva principalmente de su proximidad a la frontera terrestre, y no de la existencia de pruebas de una acción militar inminente.
En el Atlántico, las islas Canarias y las zonas costeras del Sáhara amplían el ámbito de la competencia política y jurídica en torno a los espacios marítimos. El informe menciona asimismo el monte submarino Tropic, una formación geológica con potencial interés científico y económico, cuyo emplazamiento no otorga automáticamente derechos exclusivos de explotación a ninguno de los dos países.
Finalmente, el instituto sostiene que Marruecos busca mejorar su posición negociadora en las disputas bilaterales sin perseguir necesariamente una confrontación armada. La presión podría ejercerse con mayor facilidad a través de la diplomacia o de litigios jurídicos sobre espacios marítimos que mediante una guerra convencional.
El documento concluye que los vínculos económicos bilaterales, incluidas las infraestructuras portuarias integradas y las cadenas de producción industrial, constituyen un importante freno a una ruptura entre Marruecos y España, aunque no la descartan por completo. Asimismo, subraya que la capacidad militar debe interpretarse como un posible instrumento de disuasión y negociación, y no como una prueba concluyente de la intención de iniciar una guerra.
Publicado el : 23 de octubre de 2026
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