
Israel se fractura desde dentro: la carta que acusa a Netanyahu de apoyar la limpieza étnica.
Un documento filtrado a la prensa internacional está sacudiendo los cimientos del establecimiento israelí. Una carta redactada por el abogado Shmuel Berkowitz y enviada directamente al gabinete de Benjamin Netanyahu, al ministro de Defensa Israel Katz y al ministro de Seguridad Nacional, exige medidas inmediatas para erradicar el terrorismo judío en Cisjordania y amenaza con emprender acciones legales contra el gobierno si este continúa amparando la violencia de colonos contra la población palestina. No la firma un colectivo marginal ni una organización de activistas. La firman los propios pilares del Estado que Netanyahu dice defender.
Entre los signatarios figuran los ex primeros ministros Ehud Olmert y Ehud Barak, el novelista David Grossman, considerado el escritor vivo más importante de Israel, el Premio Nobel de Química David Kornberg, ex jefes del Estado Mayor de las Fuerzas de Defensa de Israel, un ex director del Mossad, dos ex jefes del Shin Bet, un ex juez del Tribunal Supremo, un ex fiscal general, tres ex generales de división y decenas de rabinos y ex embajadores. No es una carta. Es un ultimátum firmado por quienes construyeron, dirigieron y protegieron el Estado de Israel durante décadas, y que ahora ven en su propio gobierno a un cómplice de crímenes que ellos mismos califican de terrorismo.
El texto no deja margen a la interpretación: “Esta carta es una llamada de atención y una última advertencia. Exigimos que adopten todas las medidas necesarias para erradicar de inmediato el terrorismo judío que ha prevalecido en Judea y Samaria en los últimos años”. La carta detalla una sucesión de atrocidades perpetradas por colonos contra palestinos con una “impunidad casi total”: asesinatos, agresiones sexuales, robos, incendios deliberados de viviendas y cosechas, y profanación de cadáveres. Y apunta directamente a las Fuerzas Armadas: “Las FDI tienen una política clara de ignorar los crímenes del terrorismo judío y, en muchos incidentes, los propios soldados están involucrados en ellos”.
Lo que hace esta carta históricamente excepcional no es solo lo que dice, sino quién lo dice. Durante años, Israel ha utilizado su aparato diplomático y mediático para presentar la violencia de colonos como actos de “extremistas marginales”. Ahora son los propios ex jefes del Mossad, del Shin Bet y del Ejército quienes desmienten esa narrativa desde dentro, denunciando que se trata de una violencia organizada, sistemática y tolerada por el Estado.
El propio jefe en activo de las FDI, el mayor general Avi Bluth, alertó en mayo en una reunión a puerta cerrada que los colonos están practicando “terrorismo judío” en Cisjordania y que su impunidad puede desencadenar consecuencias imprevisibles. Sus palabras no produjeron ninguna respuesta del gobierno. Esta misma semana, el ministro de Finanzas Bezalel Smotrich declaró 46,5 hectáreas de tierra palestina como “propiedad del Estado” para ampliar el asentamiento de Givat HaRoeh, en una demostración de que el gobierno no solo ignora las advertencias sino que avanza en la dirección contraria.
Todo esto ocurre mientras el Tribunal Internacional de Justicia (TIJ) sigue examinando el caso abierto contra Israel por genocidio, y mientras organizaciones como Amnistía Internacional y Human Rights Watch han documentado en informes exhaustivos lo que califican de crímenes de lesa humanidad cometidos de forma sistemática contra la población palestina. La carta de la élite israelí no es un gesto aislado de conciencia. Es la confirmación, desde las propias entrañas del sistema, de que lo que ocurre en Cisjordani y en Gaza, no es el exceso de unos pocos sino la política de un Estado que ha normalizado la violencia contra un pueblo entero.
Netanyahu no ha respondido a la carta. Su silencio, a estas alturas, es en sí mismo una respuesta.
Publicado el : 26 de junio de 2026

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